Monday, April 15, 2013

Catulo, carmen XXXVII, traducción de Rubén Bonifaz Nuño:





Salaz tienda y vosotros, contubernales,
de los hermanos con píleo al pilar nono:
¿juzgáis que tenéis vergas vosotros solos;
que, con cuanto hay de niñas, sólo os es lícito
fornicar, y juzgar a los otros, chivos?
O, porque de continuo os sentáis, insulsos
cien o doscientos, ¿juzgáis que no osaría
dar de mamar a los doscientos sentados
juntos? Juzgadlo; pues de toda la tienda
os inscribiré el frente con porquerías.
Pues que mi niña, la que huyó de mi seno,
amada tanto cual nadie será amada,
por quien yo he combatido tan grandes guerras,
se sentó aquí. A ella, buenos y ricos,
todos la amáis, y en verdad, lo que es indigno,
todos chiquitos, callejeros adúlteros;
tú sobre todos, uno entre melenudos,
hijo de Celtiberia la conejera,
Egnacio, a quien la espesa barba hace bueno,
y el diente, con ibera orina frotado.



[Paciencia es la virtud más alta]

Catulo, carmen XXXVII



Catulo, carmen XXXVII

Salax taberna uosque contubernales,
a pilleatis nona fratribus pila,
solis putatis esse mentulas uobis,
solis licere, quidquid est puellarum,
confutuere et putare ceteros hircos?
An, continenter quod sedetis insulsi
centum an ducenti, non putatis ausurum
me una ducentos irrumare sessores?
Atqui putate: namque totius uobis
frontem tabernae sopionibus scribam.
Puella nam mei, quae meo sinu fugit,
amata tantum quantum amabitur nulla,
pro qua mihi sunt magna bella pugnata,
consedit istic. Hanc boni beatique
omnes amatis, et quidem, quod indignumst
omnes pusilli et semitarii moechi;
tu praeter omnes une de capillatis,
cuniculosae Celtiberiae fili,
Egnati, opaca quem bonum facit barba
et dens Hibera defricatus urina.


[Paciencia es la virtud más alta]

CATULO, Carmina XXXIX, Traducción de Rubén Bonifaz Nuño:



Egnacio, porque cándidos dientes tienes,
ríe siempre y en todo. Si llega al banco
del reo, cuando el llanto excita quien habla,
él ríe. Si en la hoguera del hijo pío
lloran, cuando la madre huérfana al único
llora, él ríe; lo que sea, doquier se encuentre,
haga lo que haga, ríe; tiene este morbo
ni elegante, según yo pienso, ni urbano.
Por eso, buen Egnacio, debo enseñarte.
Si urbano fueras o sabino o de Tíbur,
o un umbro parco o un etrusco gordísimo
o lanuvino negro y de grandes dientes,
o traspadano, por tocar a los míos,
o quienquiera que, limpio, los dientes lávase,
no quisiera que rieras siempre y en todo;
pues nada hay más inepto que inepta risa.
Más celtíbero eres; en esa tierra,
cada quien suele, con aquello que mea,
frotarse, al alba, el diente y la roja encía;
así, más este diente vuestro pulido
está, más muestra que bebiste de orina.



[Paciencia es la virtud más alta]

Sunday, April 14, 2013

Catulo, Carmina XXXIX



Egnatius, quod candidos habet dentes,
renidet usque quaque. Si ad rei ventum est
subsellium, cum orator excitat fletum,
renidet ille; si ad pii rogum fili
lugetur, orba cum flet unicum mater,
renidet ille. Quidquid est, ubicumque est,
quodcumque agit, renidet: hunc habet morbum,
neque elegantem, ut arbitror, neque urbanum.
Quare monendum est te mihi, bone Egnati.
Si urbanus esses aut Sabinus aut Tiburs
aut pinguis Vmber aut obesus Etruscus
aut Lanuvinus ater atque dentatus
aut Transpadanus, ut meos quoque attingam,
aut quilubet, qui puriter lavit dentes,
tamen renidere usque quaque te nollem:
nam risu inepto res ineptior nulla est.
Nunc Celtiber es: Celtiberia in terra,
quod quisque minxit, hoc sibi solet mane
dentem atque russam defricare gingivam,
ut quo iste vester expolitior dens est,
hoc te amplius bibisse praedicet loti.




[Paciencia es la virtud más alta]

El tigre en la casa de Eduardo Lizalde en españa por Valparaíso Ediciones



Aparece en España bajo el sello de Valparaíso Ediciones El tigre en la casa de Eduardo Lizalde, aquí mi prólogo a este clásico de la lengua española actual:

Eduardo Lizalde y la poesía del resentimiento
Cuando leemos un poema estamos leyendo toda la poesía universal, este trabajo en colaboración, implica al idioma y a la experiencia vital del hombre sobre la tierra. Cuando leemos a un poeta, leemos también a aquellos otros que dieron testimonio de su vida y aún más, los poemas que aún no han sido escritos por autores que aún no nacen. En la poesía de Eduardo Lizalde encontramos rasgos inequívocos de la obra del poeta mexicano Ramón López Velarde, esta influencia ha sido analizada y comentada por la crítica a partir de la publicación de El tigre en la casa y confirmada en Caza Mayor, La zorra enferma y otros libros. La figura del tigre se ha dicho, le ha llegado a Borges por William Blake y a Lizalde por Rubén Darío, esto puede ser cierto, de Jorge Luis Borges sabemos su gusto por el trocaico tigre que “en las selvas de la noche es un brillo ardiente” y en Lizalde recordamos su diálogo con Darío en “las fieras se acarician, Rubén, / bajo las vastas selvas primitivas” que nos remiten al poema Estival, sin embargo, nosotros creemos que es del texto Obra maestra de Ramón López Velarde, que viene su final filiación. Vicente Quirarte ha apuntado a principios de la década de los noventas: “El tigre es el gran mendigo cósmico, el solterón lopezvelardeano, el de la inaudita belleza que atrae y que repugna” y en otro momento Ramón Xirau se refiere así a El tigre en la casa: “Nace, ahora cercana a López Velarde —nuevamente punto de partida— “la amada”, pero surge en el “resentimiento” —¿se trata de un re-sentimiento, un nuevo sentir?”. Sí, nos parece que se trata de un nuevo sentir, pensamos que la poesía de Eduardo Lizalde ha renovado el discurso amoroso en la poesía española contemporánea, ha logrado inyectarle esa fiereza que viene de Obra maestra, esa desesperación que en el vértigo se abisma, ese girar sobre el signo del infinito. Desesperado, furioso, colérico, conocedor de la potencia que la naturaleza ha dispuesto en su semilla, pero al mismo tiempo excedido por no lograr la perfección, la indigencia espiritual que en racimos de ira, de odio en peso, en vilo, lacera las paredes del alma, injerta garras de amargo y dorado odio. Ya la perra enorme ha dado al dogo fiel, vástagos de puerca en El tigre en la casa, en Caza Mayor la tigra destruirá a la camada y compartirá, con el tigre real, el amo, el sol, el solo, el soltero las tiernas carnes del filicidio. En López Velarde leemos “El tigre medirá un metro. Su jaula tendrá algo más de un metro cuadrado. La fiera no se da punto de reposo. Judío errante sobre sí mismo, describe el signo del infinito con tan maquinal fatalidad, que su cola, a fuerza de golpear contra los barrotes, sangra de un solo sitio. El soltero es el tigre que escribe ochos en el piso de la soledad”. He aquí retratada la fiereza del tigre de Eduardo Lizalde, su descarnada furia, que destruye porque la piedad no es un atributo de la belleza, aquí su maquinal fatalidad, su engrasada maquinaria de odio y de placer rencoroso, aquí el retrato del tigre-soltero: “El tigre en celo, es como un pozo de semen, como un brazo de río; más de cincuenta veces en un día, copula y se descarga largamente en la hembra, como un cielo extendido en éxtasis perpetuo, una tormenta de erecciones.”
Un poeta romántico mexicano casi desconocido para las nuevas generaciones, un autor digamos de culto, es quizá, una de las fuentes del lenguaje injuriante en la poesía mexicana. Muchos poetas nuestros han establecido una suerte de diálogo con la obra de Antonio Plaza, pero será sin duda, el poeta Eduardo Lizalde quien mejor reflejará esta influencia literaria, su libro El tigre en la casa, conserva rasgos definitivos de la escritura de A una ramera, el tema de la amada como el ser más vil y vicioso: en Plaza, la ramera, en Lizalde, la perra: “La perra más inmunda /Es noble lirio junto a ella / Se vendería por cinco tlacos a un caimán / Es prostituta vil, artera zorra / Y ya tenía podrida el alma a los cuatro años. / Pero su peor defecto es otro: / Soy para ella el último de los hombres.”
Mientras que en Antonio Plaza reconocemos la devoción del amor por un ser manchado en el desprecio social, en Eduardo Lizalde esta visión se ha modernizado, incide en el destino de un hombre que ha tenido que sutilizar su amorosa entrega a alguien por quien él mismo siente ese desprecio: “¡Ámame tú también! seré tu esclavo, / tu pobre perro que doquier te siga. / Seré feliz si con mi sangre lavo / tu huella, aunque al seguirte me persiga / ridículo y deshonra; al cabo, al cabo, / nada me importa lo que el mundo diga. / Nada me importa tu manchada historia / si a través de tus ojos veo la gloria.”
En sus poemas “Lamentación por una perra” y “La ciudad ha perdido su Beatriz”, Eduardo Lizalde consigue ir más allá en el uso violento del lenguaje con expresiones que causan pasmo en el sorprendido lector: “También la pobre puta sueña. / La más infame y sucia / y rota y necia y torpe, / hinchada, renga y sorda puta, / sueña.” Con expresiones de amargo y ácido desencanto va colocando el repertorio de injurias “despreciable perra”, “cloaca ambulante” “perra innoble” “perra sin límites” “perra impune” y aún las prostitutas al lado de esa “perra” se ven como decentes señoritas: “¡Grandes hetairas, / qué pequeñas sois junto a ella! / qué despreciables, / qué puras.” En tanto que Antonio Plaza se logra una mezcla agridulce de injurias y devoción enferma evidenciado en el uso del contraste, tal como en Petrarca reconocemos el tema de los contrarios en el amor con su Pace non trovo…, donde a cada proposición positiva en el discurso se alterna una proposición negativa en sus valores más eminentemente morales: “Mujer preciosa para el bien nacida, / Mujer preciosa por mi mal hallada, / Perla del solio del Señor caída / Y en albañal inmundo sepultada; / Cándida rosa en el Edén crecida / Y por manos infames deshojada; / Cisne de cuello alabastrino y blando / En indecente bacanal cantando.”
Una de las figuras plásticas más impresionantes en la obra de Eduardo Lizalde, es la de la mutilación y el desgarramiento, en el poema 3, del Retrato hablado de la fiera, dice: “que el amor era una fiera lentísima: / mordía con sus colmillos de azúcar/ y endulzaba el muñón al desprender el brazo”, y en el poema Bellísima de La zorra enferma afirma: “Si fuera usted un poco menos bella / si tuviera un defecto en algún sitio / un dedo mutilado y evidente.” Y más adelante insiste: “Y desespera comprender / que aun la mutilación la haría más bella/ como a ciertas estatuas.” La referencia mexicana a este uso poético donde se unen belleza y mutilación la podemos encontrar en un hermoso poema, Delicta Carnis de Amado Nervo, donde el poeta nayarita se duele en oración por su alma que se pierde entre los tormentos de la pasión carnal, rechaza a la Afrodita impura para alcanzar el sosiego de los justos, pero en sueños temibles, la Venus de Milo lo persigue y desea: “Y no encuentro esperanza, ni refugio ni asilo, / y en mis noches, pobladas de febriles quimeras, / me persigue la imagen de la Venus de Milo, / con sus lácteos muñones, con su rostro tranquilo / y las combas triunfales de sus amplias caderas.”
Cuando leemos un poema, leemos también de nuevo al hombre en su simpleza, en la modesta convencionalidad no heroica de sus ínfimos actos, leemos en ese verso la misma pulsión que gobernó el latido del aeda, y leemos al poeta futuro, aquel que volverá a cantar con nuevos acentos las melodías antiguas. Cuando nos acercamos a la obra de un poeta verdadero, como Eduardo Lizalde, nos acercamos a la historia del alma humana.

Mario Bojórquez

De venta en línea a través de este link y en todas las librerías de España


[Paciencia es la virtud más alta]

Tuesday, April 09, 2013

Tuesday, February 26, 2013



LAUDO

Així com el jorn passat ja mai no torna,
mai més no tornaràs a travessar, del mar,
aquestes aigües.
Antoni Marí

Así como el día pasado ya no vuelve
No volverás a ser el que elevada voz
Tundía bajo el soplo de almendras infinitas
Una canción de cuna para su propio pecho
No habrás de ser aquél
Que a la sombra de un álamo
Hendía el aire con notas dispersadas
En el sutil perfume de una tarde en el río
No serás ni los días regresarán a tu costa
Henchidos de obsequiosas memorias de lo oscuro
Solares de desmedida holganza
De quietudes perfectas
Así como el día pasado ya no vuelve
No  volverás sobre tus propios pasos
A recorrer la senda abierta para ti
En el jardín que guarda tu memoria
Ni aun en despoblada fronda habrás de hollar
A ti debido el tránsito entre frutos de higo
De granadas, de flores a tus pies
Sólo eres hoy aquél que no querías
Eres el que no supo decir lo que deseaba
La codiciosa boca que el fruto no mastica
Que echa a perder, arpía, banquete y festival
Eres el insaciado que mira con envidia
La insoportable alegría de los otros
El que se duele hasta los huesos por la inocente risa
Se te nublan los ojos por la ira
Se te hinchan las manos de cruel remordimiento
Se emponzoña tu sangre
Qué hoguera, qué abandono
Qué miserable eres a orillas de la vida
Así como el día pasado ya no vuelve
No volverán en ti a urdir campanas
De fiesta en campos florecidos
Ni en tus manos dorará el trigo de las eras
Ni blanqueará su nieve en tu molino
Como si el universo se te hubiera cerrado
En una niebla espesa que te impide
Saber cuál es la grieta de la roca
Que habrá de ser la fuente donde bebas
Como si el universo en contra tuya
Inyectara en el aire aquel veneno
Que dobla tus rodillas
Así como no vuelve el día
A girar en sus goznes las horas ya pasadas
Y en lo alto su sol habrá de descender
Hasta perderse
Así te perderás
Así te perderás como se pierde
El perfume en el aire que siempre sopla fuerte
Te perderás de un modo tan terrible
Que ni a tus ojos podrás reconocer tu propia piel
Ni tus oídos escucharán tu voz
Como si fuera otro ese que habla en ti
Ni aun tu sangre
Responderá en el pálpito
Y la lengua pronunciará
Un idioma que hasta hoy te es desconocido.
Que no te aflija
Nada se pierde con perderte.
Te llamarás amargo, en tus encías
Florecerá un jardín de arborescente sarro
Y en tu alta cabeza seborrea arrancará mechones
Cataratas de nieblas en tus ojos
Te llamarás llagado sin afrenta
La viva piel que ulcera la tierra donde pisa
Te llamarás sin fe
Y habrá otro tú
Edificado en pena
Que infectará en redondo
La lepra es justiciera
Habrá de distinguirte en el mercado
La turba dando voces
Anunciará que llegas
Que el tufo de tus ácidos
Se anticipó a la clara campanilla
Y para qué volver te has preguntado
Para qué y para qué
Y para qué volver
Si en el volver hubiera ramos de olor aguardando tu paso
Si en leves frondas cuajadas sí de frutos, de alegres floraciones, de luz concreta y ácida,
Y allá junto a las fuentes un ejército de náyades danzando para ti
Si volver en el agua, dúctil, ligero, fluente; si en el aire
Si volver despertara en ti al que eres, si te volvieras vuelta, giro, comienzo de ti mismo
Si volverte, si volver te fundara, volverías sin dudarlo
Aunque los días pasados no pasaran de nuevo



De El deseo postergado (2007 y 2012)



[Paciencia es la virtud más alta]

Tuesday, February 19, 2013

Antología de poesía americana 1965-1980

Preparada por el poeta chileno Mario Meléndez, circula una nueva antología de poesía americana (1965-1980) que pronto será publicada en Italia. Aquí una muestra en la revista letras.s5.com


http://letras.s5.com/mbo190213.html








[Paciencia es la virtud más alta]

Saturday, February 16, 2013

Homenaje a Lêdo Ivo




[Paciencia es la virtud más alta]

Monday, February 11, 2013

Sylvia Plath, a 50 años de su muerte: Al borde




Fechado el 5 de febrero de 1963, “Al borde” es el último poema que escribió Silvia Plath (Boston, 1932 – Primrose Hill, 1963). A la vuelta de seis días de terminado el texto, abrió la llave del gas  para suicidarse. Ofrecemos esta traducción de Mario Bojórquez, la más reciente entrega de “Poesía permutante”. Hoy es 11 de febrero, día de su muerte ocurrida hace 50 años.

Al borde

La mujer se perfecciona.
Su cadáver

muestra la sonrisa del triunfo,
la ilusión de una Griega necesidad

flota en los pliegues de su toga,
sus desnudos

pies parecen decir:
hemos llegado muy lejos, se acabó.

Cada niño muerto se enrosca una blanca serpiente
cada quien con su pequeño

tazón de leche, ahora ya vacío.
Ella se los envuelve

en su cuerpo como los pétalos
de una rosa cerrada cuando el jardín

sofoca y sangra olores
desde la suavidad, profundas gargantas de la flor de la noche.

La luna sin entristecerse de nada
observa desde su capucha de hueso.

Ella la usa para estas cosas.
Su crujido negro y arrastrado.

5 de febrero de 1963


Traducción del inglés, Mario Bojórquez.

De  Collected poems, edited by Ted Hughes, Harper & Row, Publishers Inc., N. Y., 1992.


[Paciencia es la virtud más alta]

Friday, February 08, 2013

Casida de la angustia en versión al serbio por Mina Gligoric





Iz Divana Maurarije [El diván de Mouraria] (1999)

Kasida patnje
I
Kisela breskva
i jezik njom oparen
ljuta gori gorka, ta ljuta breskva
na oprljenom jeziku, еh tuge,
tu je moja boljka
Eh, osmeh dobro proverene i lake, već ispitane
tišine
Eh, glupo sričem dah, isprekidan i zgažen
otrov bezopasan
ključa
Kako je meko srce nekoga ko pati,
kakva spora mašina, tako trapava
i spora mašina je ovo srce.
II
Nije poznavao nemir
moj jezik nije upoznao nemir
nije buknuo mržnjom i da s groznicom peva,
tek, radosnu pesmu,
o tuge,
tek radosnu pesmu
pevao je jezik moj, taktom svoje pesme
III
Ovaj otrov već bio je u meni
u mojoj krvi
i pre mene, krv je moja plamtela,
i pre mene, druge je otrovala,
mog oca, njegovog, i dedove im, svi smrtno ranjeni,
pa do praiskonskog početka.
Svi su plamteli poput mene
i svaki gori sa mnom.
IV
Ali otrov peče na jeziku najsrećnijem
oh, tuge!
Samo o sebi govorim, samo o sebi.

http://adamovajabuka.wordpress.com/2013/01/15/bojorquez-jos-mi-je-u-uhu/




[Paciencia es la virtud más alta]

Wednesday, January 09, 2013

Rubén Bonifaz Nuño en España



Don Rubén Bonifaz Nuño en http://valparaisoediciones.es de Granada, España, con prólogo y selección de Vicente Quirarte. Disponible en papel y en digital. Visita http://valparaisoediciones.es o acude a cualquier librería en España.


[Paciencia es la virtud más alta]

Wednesday, December 26, 2012

De la soledad como espacio de escritura / Edmond Jabès

De la soledad como espacio de escritura



El acto de escribir es un acto solitario.
¿La escritura es la expresión de esta soledad?
¿Puede haber escritura sin soledad o aún soledad sin escritura?
¿Habrá grados de soledad –así como hay tantas playas, diferentes niveles de soledad – como intensidades de la sombra o de la luz?
¿Se podrá, en este caso, afirmar que hay ciertas soledades dedicadas a la noche y otras al día?
¿Habrá en fin diversas formas de soledad: soledad resplandeciente, redonda —la del sol—o soledad plana, tenebrosa—la de las lápidas funerarias; soledad de la fiesta y soledad del duelo?
La soledad no se puede decir sin que inmediatamente deje de existir.
La soledad no se puede escribir si no en la distancia que la proteja del ojo que la lee.
El decir será para el texto lo que la palabra oral es para la palabra escrita: el fin de una soledad asumida para la una y el preludio de una aventura solitaria para la otra.
El que habla en voz alta jamás está solo...
(lee el texto completo en Refundación)






[Paciencia es la virtud más alta]

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V Festival Internacional Poesía Granada 2009