Showing posts with label Curso. Show all posts
Showing posts with label Curso. Show all posts

Saturday, July 04, 2020

Poema en que se usa mucho la palabra amor de Gilberto Owen

Comienza aquí una palabra vestida de sueño más música

llevas puñados de árboles en el viento de Orfeo

en los ojos menos grandes que el sol pero mucho más vírgenes

mañanas eternas y que llegan hasta París y hasta China

ese otro ojo azul de párpados de oro en el dedo

no sabrías sin el Niágaras a tu espalda de espuma

tampoco el sueño duro en que nada cabría como nada en el huevo

iba el sabio bajo la fábula y volvió la cabeza

nadie sino él mismo recogía las yerbas desdeñadas

así me lloro vacío lleno de mi pobreza como de sombra

 

O acabo de inventar la línea recta

todo el horizonte fracasa después de sus mil siglos de ensayos

el mar no te lo perdonará nunca ni Dionysos

recuerda aquella postura en que yo era tu tío y que ha eternizado

otra fotografía desenfocada por un temblor de tierra en la luna


Línea, Gilberto Owen, 1930.


Capítulo 68 de Rayuela de Julio Cortázar

Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente su orfelunios. Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, las esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpasmo en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé! Volposados en la cresta del murelio, se sentía balparamar, perlinos y márulos. Temblaba el troc, se vencían las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias.


Julio Cortázar, Rayuela, Sudamericana, Buenos Aires, 1963.

Patio de Tarde de Julio Cortazar


A Toby le gusta ver pasar a la muchacha rubia por el patio. Levanta la cabeza y remueve un poco la cola, pero después se queda muy quieto, siguiendo con los ojos la fina sombra que a su vez va siguiendo a la muchacha rubia por las baldosas del patio. 

En la habitación hace fresco, y Toby detesta el sol de la siesta; ni siquiera le gusta que la gente ande levantada a esa hora, y la única excepción es la muchacha rubia. 

Para Toby la muchacha rubia puede hacer lo que se le antoje. Remueve otra vez la cola, satisfecho de haberla visto, y suspira. 

Es simplemente feliz, la muchacha rubia ha pasado por el patio, él la ha visto un instante, ha seguido con sus grandes ojos avellana la sombra en las baldosas. 

Tal vez la muchacha rubia vuelva a pasar. Toby suspira de nuevo, sacude un momento la cabeza como para espantar una mosca, mete el pincel en el tarro, y sigue aplicando la cola a la madera terciada.

Último Round, Siglo XXi, México, 1969.

Síguenos en tumblr.com

V Festival Internacional Poesía Granada 2009